martes, 16 de junio de 2009

Ventanas vacías

Me ha venido a la memoria un amor de verano que tuve hace muchos años. Fue un amor a distancia. Nos separaban unos 30 o 40 metros. Mi ventana daba a un lado del cuadrado virtual que formaba la zona común de la piscina y la de él a la otra.

Todos los días, después de cenar, nos asomábamos cada uno a nuestra ventana y estábamos así, mirándonos, un montón de tiempo, a veces horas. En una mancomunidad de 11 portales, con 5 plantas y unos 4 pisos por planta estaba claro que nos habiamos encontrado el uno al otro, y no hacía falta más. Yo le ponía diálogos a nuestros encuentros, intenciones, contextos...Siempre he tenido una imaginación muy caprichosa, me pregunto en qué pensaría él.

Por el día no le veía nunca, quizás porque en su lado del edificio daba el sol hasta tarde y casi siempre bajaban las persianas. Así que solo le veía por las noches, mirándonos el uno al otro en ese mar de ventanas vacías, sin decir nada, sin hacer nada

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